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Enterarse del concierto a la tarde-noche del mismo día. Decidir ir.
Té de menta, ponqué de mármol, Dragon Ball capítulo 19; buen abrigo, la ID, algo de dinero, pañuelitos, una agenda, un lapicero fucsia y la cámara (sin cargar) paran en el bolso.
Llegar al sitio acordado previo al envió de un mensaje underground a una estrambótica comunidad virtual. Tres cuadras al norte de los aposentos. Esquina Portugal, funeraria, sin encontrar nada; abren una puerta en una casona vieja, preguntar y entrar. Subir escaleras oscuras; mirar un mundo nuevo.
9.30. Preparando cámara que se descargaba, buscar enchufe. Esperar.
10.30 apareciendo la música en vivo, desenchufar con timidez.
Ya había bastante gente como para ser un concierto en una sala de ensayo. El cartel: El diablo es un magnifico, Luxemburgo, La Bestia de Gevaudan y Engrudo (en su orden). Sin conocer se debe intuir cuáles serán las bandas que tocarán. Engrudo abre. Una ella y un él, un dúo algo sicódelico, algo stoner, pocas voces; un bajo y su pedal ruidoso como protagonista y una batería muy, muy fangosa. Temas convertidos en números: 6, 4, 3, 5, 1 o algo así.

Cambio de grupo, prueba de sonido; una maleta repleta de aventuras auditivas, pedaleras inimaginables de infinitas sonoridades se disponían organizadamente para ser pulsadas. La bestia llegaba aullando ruidos, manipulando ambientes tan etéreos como desfigurados, baterías alteradas y pesadumbrumosas a la vez; impenetrables ellos, inaccesibles como su música, sin una mirada para indicar subir el volumen de sus menguadas voces. La dosis perfecta entre rudeza y sutilidad, La Bestia de Gevaudan se diseminó.

Acto seguido Luxemburgo. La única que apeló a lo vocal como distinción; algo de indagación desde el (pos)hardcore, el screamo y algunas señales de ruiditos e inconstancia musical. En la ya irrespirable atmósfera del recinto aparece El diAblo es un magnífico, que en un formato más festivo que su disco terminaría la fría noche metropolitana. Apelan a multitud de aparatos, juguetes y ritmos tradicionales para hacer música; se nota como una manera de folk saturada de tecnología que altera la realidad a través de su veneno sonoro, esta podría ser una nueva línea musical y que a su manera muy chilena ellos lo expresan.

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