Una voz: Steffi de [IN MUTE]

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A mediados del nuevo milenio exploto en todo el mundo esto de las “extreme female vocals”, no sólo en el área musical con muchísimas cantantes en diversas tendencias sino también en el área del fanatismo, dando paso a una cantidad de medios y particulares que ya tienen secciones dedicadas al tema. Ya comenzando la nueva década esto era imparable e irretrocedible. Por otro lado, desde hace 6 o 7 años el tema ya no era tan… interesante para mí. Sin embargo por la creación de otro de mis ezines musicales, en esta ocasión, dedicado integramente al trabajo de las mujeres músicas y cantantes de mi país supe que el movimiento en Colombia, sobre todo en Bogotá estaba en su furor. No Iluminadas no estaba relacionado 100% al metal, por eso el tema de la vocalistas extremas colombianas se trataba indirectamente, aunque con mucho cariño como siempre. Este año di con Antawuara, agrupación bogotana donde milita una extreme female vocals que me impresiono, pero todavía espero su primer trabajo.

En una de mis revisiones para dar con lo mejor de 2014, me encontré con una banda estadounidense que me llevo a una española llamada [IN MUTE]. Lo primero que me hizo recordar su vocalista fue a Sabina Classen y a Karyn Crisis, nada típico en el metal del nuevo milenio lleno de voces rasgadas. A pesar que el melodeath y similares, aún invaden el mundo del metal mainstream, hace rato no había escuchado una vocalista que me volará los sesos como la valenciana Steffi García, y sí, es de las nuestra, habla español (¿tendrán temas en español?). El melodeath aunque sigue sonando mucho, tiene muy buenos y buenas exponentes en el mundo, y aunque el sonido de la banda no se relaciona del todo con la voz de Steffi, asesina en conjunto. Steffi me hizo recordar por voz y ensamble a la gran Sabina Classen con el thrash que tocaban en los 80tas Holy Moses, y esa agresiva voz de Sabina que del todo no la he logrado relacionar, ¿pero eso importa siendo tan buena música?

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Zona de obras con énfasis en Santiago Chile # 62

 

Aquel noviembre de 2013 caminando por la Feria Pulsar, me encontré con un libro que quería comprar, insistí mucho, no lo obtuve, me entregaron una revista Zona de obras. La “revista para la gente que piensa”, es una revista española que tiene un par de convenios y ejemplares con temáticas en ciudades latinoamericanas, excepto de Bogotá, tal vez la razón por la cual no la conocía. Referente a este número en particular, hay un apartado grande dedicado a la capital chilena, destaca generalidades de la ciudad y un directorio cultural e histórico de la ciudad cordillerana. Asimismo un CD que escuché pero en el momento desconozco su paradero (para la foto).

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Hace una década corta no leía una revista larga y completa (122 páginas), y es que sí, la era digital ha convertido muchas cosas en banales y con desgana nos entregamos tan solo a lo que está más cerca y sin esfuerzo. Ese mundo infinito de las revistas de papel que tratan de todo un poquito y mucho de música, que siempre estarán dispuesta a que la lean, sobre la mesa, el sofá, por ahí para llevarlas dentro del bolso para hojearlas en cualquier sitio móvil. Las entrevistas van desde música hasta directores y escritores emergentes, todo tiene mucho que ver con la música; música en cualquier lengua occidental como por ejemplo los sonidos nórdico que no tienen nada que ver con el metal que hace esa zona tan famosa, por el contrario hay sonidos más etéreos, como mi primera vez con Fallulah y Agnes Olbe, dos danesas que con estilos diferentes fascinan.

 

Hay también un reportaje muy completo de los “50 discos indispensables del rock argentino” donde encontré a una banda de pospunk en español llamada Los Pillos, igualmente otras más de ese metal de finales de los 80tas en español. Igualmente hay una sección denominado “Mercado negro” a manera de vitrina donde hay varias cositas interesantes, música en disco y canciones particulares, recomendaciones, festivales, escritos desde los blogs de personajes, hasta ropa y zapatos. La revista finaliza con “Panoramas” donde hay un pedacito de cada país latinoamericano, de Colombia sólo sale el Profesor Súper O y Frente Cumbiero, en esta última sección.

“Música de mujeres en Colombia. El género de los géneros” – 2012

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“! Ser compositor es la más bella e inagotable experiencia que se pueda tener! (316)
Amparo Ángel
“La música es parte del universo, y el universo no es rígido” (341)
Alba Fernanda Triana

Es tal vez la primera compilación y un despertar tardío de esta temática en el país, destaca el trabajo investigativo serio -muchos de ellos con trabajo de campo- de un puñado de personas que sienten un profundo afecto por el tema de las mujeres músicas. Las casi 400 páginas de este libro hacen parte de un segundo volumen de una colección denominada “Culturas musicales en Colombia”, cuenta con cuatro grandes apartados: ensayos, al piano y al canto, entrevistas y un CD con documentales, en su mayoría con temas de cantaoras y bailaoras de bulla tradicionales y actuales. Los géneros musicales expuestos van desde la música afrocolombiana tradicional (chirímias, bullerengues), la “feminización del piano (canto) en el siglo XIX” (1) en las sofisticadas Bogotá, Medellín y Valle, el tiple y la guitarra tocado por señoritas de zonas rurales y otros ruiditos.

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Hay ausencia de lo urbano (rock, hip hop, electrónica…), excepto por dos textos dedicados a ‘lo vanguardista’: el poema sonoro “La superestructura, la música y mi música” y la entrevista final acerca de la relación música y (N)TIC en lo que Alba Fernanda Triana llama “música arte”; y el capítulo destinado a la obra de Jacqueline Nova y su preocupación por la experimentación con máquinas, ruidos, “música indígena”, “voces hablantes” y su “formación de públicos”. Por otra parte, el apartado, “Jacintas, Ífalas y otras mujeres de canción…” contiene desde la oralidad un estudio de las letras que cantan las mujeres del Valle y el Cauca: bundes y temas de su día a día rural. Otro apartado que trata el tema de la escritura y música son, la entrevista a la compositora Amparo Ángel y la realización de muchos textos de sus obras; y la entrevista a Alba Potes que “ha creado texturas sonoras, espacios y ambientes para poesía de […]”: Sor Juana, Sor Josefa, León de Greiff, Aurelio Arturo, Guillen, Borges y su hermano. A futuro sería interesante realizar una investigación de letras en la música de músicas.

 

Además de lo anterior la mayoría de escritos presentan diferentes teorías musicológicas con perspectiva de género(2), el rol de las mujeres frente al ser músicas: enseñanza-aprendizaje, la “violencia simbólica”, ausencia en currículos de compositoras y sus obras, escogencia de instrumentos sutiles o la voz como algo inherente a lo femenino, inequidad de género en diversas prácticas musicales, muchas músicas dedicadas a la docencia y no a la interpretación o composición, las presentaciones en vivo, tanto públicas como privadas y los programas de mano, y las diferentes ocupaciones de una mujer cotidiana o la “tres empresas”(3) que son temáticas que se desarrollan a lo largo del libro y profundiza Quintana a lo largo de su carrera, expuestas también aquí frente al PNMC(4) y su “acceso desigual a la educación musical” para las colombianas. En el capítulo siguiente al de Quintana, Marcela Velásquez retoma el tema puntualizando en el Chocó.

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Aunque este libro es un abrebocas histórico, también es un descubrimiento de otras que no viven en el país, otras muy buenas ejecutantes y cantantes, otras que ya murieron pero dejaron legados por conocer, otras que no abarcan músicas tan populares, de compositoras de música académica y de mucha música que no se consigue para apreciar; de cómo ciudades en tiempos tradicionalistas como Ibagué con sus conservatorios y festivales regionales incrementó el nivel de las mujeres en todos los aspectos musicales, al igual que ciudades como Bogotá, Medellín y el Valle. Este libro es un estímulo para seguir con la inquietud en el tema, aún falta mucho por investigar y escribir, de indagar en lo diverso -interpretes queer, músicas poco conocidas a nivel nacional…- y que a pesar de un fehaciente movimiento que visibiliza a la mujer en muchos aspectos, todavía queda la tarea pendiente de divulgación a nivel masivo de muchas mujeres en muchas ramas. Gran trofeo este libro.

 

(1) Alejandra Quintana

(2) Música y sexualidad, musicología feminista, musicología de género, libros compilados de compositoras e intérpretes, música y género, género y sexualidad en la música, estudios de masculinidades y musicología queer.

(3) Quintana se refiere a las tres empresas: matrimonio, maternidad y trabajar.

(4) “Plan de Música para la Convivencia “del Ministerio de Cultura

 

Bibliografía: MILLAN, C. y QUINTANA, A. 2012. “Música de mujeres en Colombia. El género de los géneros”. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana

 

Muere la emperatriz del mundo de las tinieblas: Tristessa

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“She softly whispers your welcome to the endless darkness.
Where the blue sky turned to black
And the moon remains a frozen hidden memory”
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El mundo del black metal pierde a una de sus mujeres más visibles, se trata de María Kolokouri conocida como “Tristessa”; ella ha trabajado en varios géneros del metal (Insected, Obscure Natus) destacándose primordialmente por ser la única miembro estable en Astarte, una de la primeras bandas de black metal despiadado (atmosférico) integrada en su mayoría por mujeres (3 miembros) y que se dio a conocer a mediados de los 90tas. Con profunda pena recibimos la noticia el domingo 10 de agosto sin tener confirmaciones certeras hasta el lunes 11; según lo que indican los medios, murió a causa de complicaciones que tuvo de una enfermedad que había empeorado los últimos años, la leucemia y que en 2013 la puso peor.

Astarte fue la segunda banda de black crudo de mujeres que conocí después de Ebonsight y (al parecer) la primera que tuvo un reconocimiento y respeto a nivel mundial gracias a insistir con una formación femenina, sacando discos -3 con la formación inicial(2) y como una buena banda que brindaba buen black metal global aunque con ese sonido característico del black griego. En el disco “Sirens” (2004) cambia la alineación que desde 1995 había estado sólida, de ahí en adelante también el enfoque musical hacia un lado más melódico, algo rápido y con mejor producción; después de haber tenido un pasado implacable, Tristessa sigue e inicia otra etapa en la cual seguiría hasta su último disco 2007.

 

(1)Tomada de la letra de “Voyage to Eternal Life” de disco 1998 “Doomed Dark Years” de Astarte.

(2)En total serían 4 si contamos con el “Dancing in the Dark Lakes of Evil” de Lloth, primer nombre de banda que recibió Astarte.

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El ensayadero de General Jofré 282

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Enterarse del concierto a la tarde-noche del mismo día. Decidir ir.
Té de menta, ponqué de mármol, Dragon Ball capítulo 19; buen abrigo, la ID, algo de dinero, pañuelitos, una agenda, un lapicero fucsia y la cámara (sin cargar) paran en el bolso.
Llegar al sitio acordado previo al envió de un mensaje underground a una estrambótica comunidad virtual. Tres cuadras al norte de los aposentos. Esquina Portugal, funeraria, sin encontrar nada; abren una puerta en una casona vieja, preguntar y entrar. Subir escaleras oscuras; mirar un mundo nuevo.
9.30. Preparando cámara que se descargaba, buscar enchufe. Esperar.
10.30 apareciendo la música en vivo, desenchufar con timidez.
Ya había bastante gente como para ser un concierto en una sala de ensayo. El cartel: El diablo es un magnifico, Luxemburgo, La Bestia de Gevaudan y Engrudo (en su orden). Sin conocer se debe intuir cuáles serán las bandas que tocarán. Engrudo abre. Una ella y un él, un dúo algo sicódelico, algo stoner, pocas voces; un bajo y su pedal ruidoso como protagonista y una batería muy, muy fangosa. Temas convertidos en números: 6, 4, 3, 5, 1 o algo así.

Cambio de grupo, prueba de sonido; una maleta repleta de aventuras auditivas, pedaleras inimaginables de infinitas sonoridades se disponían organizadamente para ser pulsadas. La bestia llegaba aullando ruidos, manipulando ambientes tan etéreos como desfigurados, baterías alteradas y pesadumbrumosas a la vez; impenetrables ellos, inaccesibles como su música, sin una mirada para indicar subir el volumen de sus menguadas voces. La dosis perfecta entre rudeza y sutilidad, La Bestia de Gevaudan se diseminó.

Acto seguido Luxemburgo. La única que apeló a lo vocal como distinción; algo de indagación desde el (pos)hardcore, el screamo y algunas señales de ruiditos e inconstancia musical. En la ya irrespirable atmósfera del recinto aparece El diAblo es un magnífico, que en un formato más festivo que su disco terminaría la fría noche metropolitana. Apelan a multitud de aparatos, juguetes y ritmos tradicionales para hacer música; se nota como una manera de folk saturada de tecnología que altera la realidad a través de su veneno sonoro, esta podría ser una nueva línea musical y que a su manera muy chilena ellos lo expresan.

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Asilo – “Comunión”

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Asilo – “Comunión” (2014) – Zann’s Music

http://asilo.bandcamp.com/album/comuni-n

“El gran silencio ante el ruido inútil”
(anti-voz) track # 6

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Aunque el sonido de corte sludge actual aún no ha calado seriamente en las escenas latinoamericanas de rock hay algunos brotes de bandas en el estilo, Asilo de Argentina es una de ellas. Este género indefinible que se ha venido desarrollando los últimos 7 años a nivel mundial tiene sus raíces en las escenas más underground de metal de los primeros noventas, y hoy retomado (en su mayoría) por bandas de hardcore o punk. Asilo hace su debut con “Comunión” un álbum que cuenta con un saborcito de no totalidad pero tal vez esa suma de sonidos dispersos y tantos elementos atrae, es una evolución evidente de los splits. La intensidad drone cambio por dinamismo y lobreguez, y a pesar que tienen su onda chatarra, no se siente tanto como muchas bandas de la onda negra del tupa tupa; es más quedito, más calmado, y aunque su dejo al cantar de hardcore oculta influencias oscuras incita al dialogo, a la elevación de sus letras crudas y políticas, bien encubiertas en un velo poético y declamador del vocalista, como otrora se hizo con el atmospheric black latinoamericano (Panikos, Anima, Noctis Invocat, Grimorium Verum, etc) o el avant black europeo (Moonspell, Samael, Tiamat… en su tránsito al cambio).

 

De otro lado las partes más livianas son más misteriosas que dumeras o fangosas, siguen la línea de la indagación del sonido percibiéndose en lo variado de los ambientes; algunos efectos acaparan la atmósfera creada por la banda pero se alejan de esa repetitividad ruidosa hallada en anteriores grabaciones, los samples discursivos refuerzan el concepto lírico. Los instrumentales en piano conmueven y llenan de melancolía pero se desatan de la generalidad, no logran convivir, tal vez porque no están inmersos dentro de los demás temas, diferencia pasa con el saxo de “Miedo y oscuridad” o el piano de “La última voluntad” y “Dinámica del cambio” que perfectamente se unen al tema. Definitivamente la inclusión de dos bajos, efectos y los lamentos hardcores exasperados hacen de Asilo uno de los pioneros en el sonido más experimental del nuevo sludge.

 

Dreariness – “My Mind Is To Weak To Forget”

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Dreariness – “My Mind Is To Weak To Forget” (2013) – Nostalgia Productions

La variedad de voces en una banda es algo que aún me sorprende, susurros mezclados con lamentos  profundos y desgarradores de black hechos por una mujer en un blackgaze fresco, taciturno y muy, muy lento. La banda mexicano-estadounidense ahora italiana completamente, presenta un album hermoso, album que falto en mis favoritos de 2013.

Rock al Parque 2014 – Primeras bandas internacionales

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Definitivamente Black Label Society es el plato fuerte del metal y una de las más importantes, acertadas y nuevas del cartel general. La conducta en sí del sabio Wylde no me atrapa, pero la totalidad de la banda es impecable, los excelentes riffs y desempeño en la guitarra junto a la voz generan un sonido único en un ambiente erótico y mundano. Don Wylde es una máquina metalera de hacer música, al mismo tiempo de estar con Ozzy, hacia discos en solitario y por supuesto con BLS. De seguro muchos guitarristas y músicos locales estarán apreciando en este concierto una clase magistral. Otra banda destacada y nueva en el cartel es Nile. Los deathmetaleros de Carolina del Norte ya se habían presentado en Bogotá en 2010 con baja audiencia; en esta ocasión retornarán a la capital con su ya distinguido estilo de viejo death metal técnico y limpio en sus ejecuciones, aunque también rápido y brutal que se encumbra con sus creencias fervientes de la mitología egipcia, de allí su nombre. Su presentación tal vez podrá ser comparable con la Morbid Angel en 2009.

 

El thrash se sigue apoderando de los escenarios bogotanos; los últimos años los fanáticos de esta tendencia han reaparecido, hay muchas agrupaciones a nivel local y nacional y hasta un gran festival tienen, el Bogothrash. Rock al Parque ha confirmado la importancia del género, por tal razón los últimos años ha traído grandes exponentes del sonido de la vieja, nueva ola y el crossover, en esta oportunidad los protagonistas serán Exodus y Pro-Pain. Por un lado la más alternativa es Pro-Pain, está madura agrupación mezcla el thrash con groove desde sus comienzos que da un ambiente hardcore (para la mayoría de personas), pero que lo aproximaría más al crossover que al hardcore, y la ya legendaria Exodus. La presentación de los californianos no será una sorpresa ya que han venido trabajando, sus tres últimos discos presentan un Exodus renovado, en una onda más actual mezclando voces ásperas y limpias. De otro lado y sin duda alguna los que si conocen de voces limpias y metal renovado son los Killswitch Engage, banda que rápidamente se transforma en pionera de uno de los géneros que más ha disgustado a los metaleros en la década pasada: el metalcore. Llega el nuevo milenio y el tiempo es para este tipo de sonidos que en el caso de KSE, mezcla el swedish melodic death (In Flames, At the Gates…) con voces y coros limpios propios de las bandas neometal e industrial estadounidense de los 90tas y el ataque breakdown del harcore. Se presentarán en Rock al Parque con su último gran trabajo “Disarm the Descent” y el regreso del vocalista original.

P1040590 Este año el latinazo lo conforman De la Tierra y Carajo. De la Tierra es una banda nueva que reúne a estrellas del rock/metal latinoamericanas (Sepultura, A.N.I.M.A.L., Los Fabulosos Cadillacs y Maná), de sus integrantes el único que ha tocado en el festival ha sido Andrés Giménez con A.N.I.M.A.L. Los argentinos Carajo que militaron también en A.N.I.M.A.L., se presentaran por segunda vez. La cuota punkera la lidera The Casualities, reconocidos en la escena del punk callejero en el mundo: guitarras muy thrashers, voz acida con letras en inglés-español que escupen las indolencias del vivir diario y su sistema. (Tal vez) la banda más rara que tocará este año será Fishbone que viene con bases muy rockeras, pero con multiplicidad de géneros típicos de la onda de los sensuales y robustos instrumentos de metal: hay ska, swing, reggae, voces diversas y deliciosas, guitarras distorsionadas, funk, desparpajo punk y mucho progresivo: Fishbone es fiesta.

En el área más suave se encuentra la aparatera Juana Molina y su electro folk pop que es un total acierto para los seguidores de la escena indie local; su vocalización, el folk hecho a través de aparatos y su sutileza hacen de su música algo interesante. Juana Molina viene con uno de los discos más experimentales de su carrera el “Wed21”. En reggae Sly & Robbie desde Jamaica, GEPE de Chile y su electro folk indie. Finalmente una propuesta sonada hace años, que se ha presentado en el Lollapalloza chileno y el Vive Latino es HoPo!, proyecto solitario del vocalista de Café Tacvba; está en una onda folkie latino –vientos ancestrales, canción latinoamericana, pop, rock- y sitar.

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Festivales de rock en América Latina, ¿emprendiendo o desprendiendo?

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Sonic Youth en Maquinaria 2011

Sonic Youth en Maquinaria 2011

No se puede ser indiferente a los festivales del mundo donde en un mismo lugar incorporan sonidos inimaginables, este año la variedad de sonidos se inauguró con el Festival Centro en una casita colonial de Bogotá, para después conocer los grandes carteles del Primavera Sound, Hellfest, Sonisphere y Neurotic Death Fest, por nombrar algunos; además de las fechas para muchos otros. Pero qué pasa en nuestra región donde hacer e ir a festivales no es tan popular como en Norteamérica o Europa, incluso en los pocos festivales grandes que existen no hay sucesión: ¿a qué se debe esto?, ¿los latinoamericanos no estamos preparados para los grandes festivales?, ¿no hay ideas y financiamiento para sacarlos adelante?, ¿no hay promotores responsables y dedicados?, ¿no hay lugares especiales para hacerlos?, ¿no nos gusta los grandes festivales?, ¿no estamos acostumbrados?, ¿tal vez no nos gusta los contratiempos de horarios?, ¿se pierde la esperanza en las primeras versiones? o ¿(realmente) qué pasa? Los latinoamericanos no somos de grandes festivales y no es que no tengamos, muchos de los que viven, perviven y sobreviven están por encima de los 15 años, por nombrar al azar: el Rock in Rio brasileño, discontinuo pero se mantiene; el mexicano Vive Latino con 15 y el colombiano Rock al Parque con 20. Infortunadamente no se puede dar fe en asistencia, ya que trabajar para un buen medio musical de esos que poco existen en nuestra zona o tener la oportunidad de viajar al norte a cubrir con recursos propios es inalcanzable. Este es otro reto para la industria musical de nuestra región.

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Planteado así, los pocos festivales grandes que hay en estos lados, tampoco son comparables con los insuficientes que hay de metal. En este sentido, este año se perdió el escenario latinoamericano para el Extreme Obscene que se lo llevó Los Ángeles(esperaba Sudamérica) y que el año pasado estuvo en DF; la cancelación de la quinta versión del Hell & Heaven Fest (por los motivos que hayan sido) y la incorporación de dos nuevos en la vitrina latina: los chilenos “Beer Metal Open Air” en marzo de 2014 (que hasta la fecha no se ha realizado) y la tercera versión de The Metal Fest (que de dos días paso a uno y menos bandas internacionales de las esperadas). Otro desaparecido, el Maquinaria chileno que fue una idea rockero(metalera) que luego dio paso a un sinfín de propuestas. Otro punto inapelable son los carteles de los festivales donde la mayoría de bandas internacionales en reiteradas ocasiones han visitados los países; donde muchas bandas no hacen parte de los eventos por ser nuevas, por ser poco conocidas o por ser muy clásicas y desconocidas; por género o porque no las conocen los encargados de los festivales. Estamos a años luz en nuestra región de ver bandas de metal en Lollapalooza, Estéreo Picnic o en el Festival Centro, o de metal nuevo, extraño o no tocado por headbangers en los festivales de metal común como el The Metal Fest. Maquinaria lo intentó, el Vive Latino ha incluido a bandas como Brujería, Hocico, Ill Nino, Trasnmetal y el insistente Rock Al Parque ha tenido en sus filas a bandas como Samael, Inquisition, The Dillinger Escape Plan, Apocaliptica, Paradise Lost, Carcass, etc., en un festival no metalero.